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Portrait by José Luis Verdes: 1998 |
Me llamo Gustavo Mejía y he vivido en
tantos sitios que ya casi no se cual es mi patria. Rodando por tres
continentes, he terminado con una familia compuesta por padres
latinoamericanos, una esposa española e hijos africanos. Cuando las
canas comenzaron a dejar su huella blanca en la barba que desde hace
veinticinco años no había afeitado, preferí descubrir de nuevo
aquello que había intentado disimular: una boca demasiado grande, unos
ojos muy pequeños y unas orejas protuberantes. Las cejas han tomado un
arco un poco forzado, tensas siempre en un gesto que media entre la
curiosidad y el escepticismo, dándole a toda mi cara un aire de lejanía
o dureza, que quienes me conocen mejor comparan con la dureza de las
alcachofas. Me dediqué a enseñar lenguas porque me gustan las palabras.
Creo que las palabras tienen vida propia y a veces me dejo llevar de
ellas, por lo que muchos me dicen a veces que soy un mentiroso. Y talvez
tengan razón. Especialmente cuando hablo de mi mismo. |